Laurel Nakadate, retratos del status quo
04/11/2009

Se dice que el hueso más duro de roer de los Estados Unidos es la zona conocida como “Midwest”, aquella que justo a la mitad del vasto territorio de la nación más poderosa del mundo no posee costas, es eminentemente tradicionalista y le quedan los más vastos resquicios de prejuicios raciales, políticos y religiosos; y todo esto sigue sin representar un problema para sus habitantes.
Laurel Nakadate (1975) es fotógrafa, videoartista y recientemente se ha convertido en cineasta vía Stay the same never change; nació en Austin, Texas –otro bastión del conservadurismo gringo- y creció en Ames, Iowa. Aunque Nakadate reside en la ciudad de Nueva York, su trabajo está permeado de ese sentimiento de cercas blancas, fachadas perfectas pero estancamiento emocional y sobretodo, aburrimiento, reflejado en el rostro de las chicas comunes y corrientes de las high schools estadounidenses.
En su discurso conviven el documental y la ficción. Nakadate, por una parte es un ojo vouyerista que se mete en la vida de estas jóvenes hastiadas de cotidianidad: sus casas, sus escuelas, las ciudades que habitan, su contexto aislado del resto del mundo geográfico, la burbuja que constituye la realidad estadounidense. En contraparte, les construye historias y poses, que en sí no pueden estar tan lejos de la realidad de sus protagonistas porque se inspira en ellas e incluso utiliza ciertos recursos autobiográficos.
Su obra fotográfica, en colecciones de títulos tan sugestivos como I wanna be your mid-life crisis, ha sido expuesta en el Getty Center de Los Angeles, el MoMA de Nueva York, el Museo Reina Sofía de España, entre otros. Stay the same never change, su opera prima, tuvo su primera exhibición durante el festival de cine de Sundance 2009 y desde entonces ha sido recibido en un foros tanto del circuito del arte como del cine.
Una mirada a chicas con todo y al mismo tiempo sin rumbo aparente, envueltas en escenarios y diálogos que se antojan absurdos. Es una fábula de princesas contemporáneas y crudamente reales que esperan ser rescatadas.





Gaia, animal urbano
28/10/2009

Para algunos, el trabajo de un artista debe evolucionar y alcanzar un carácter institucional, exponerse a través de estructuras formales como museos y galerías y entonces volverse serio para dejar de ser un simple ejercicio de habitación. Para otros, debe mantener su naturaleza orgánica y pura, jamás “venderse” ante las vitrinas de un espacio en donde las intenciones del artista aparentemente se distorsionan y permanecer en los espacios de la vida cotidiana, las calles.
Para Gaia, el balance se encuentra en permitir que el trabajo expuesto en una galería brinde una mayor exposición, mientras que aquel que puede ser observado en el muro de un vecindario se vuelva parte de la vida diaria de las personas.
Establecido en Nueva York, este joven estudiante de arte ha llenado las paredes del oeste de Estados Unidos, con lienzos de papel que muestran figuras humanas con cabezas animales. Su intención, reflejar su inquietud sobre la conexión hombre-bestia. Su trabajo ha sido visto en las calles de algunos países europeos e incluso en la Ciudad de México. Además, siendo congruente con su pensamiento ha participado en exposiciones en algunos museos.
Como la mayoría de los artistas callejeros, Gaia prefiere mantener su identidad oculta y disfrutar del riesgo que existe al colocar una pieza en un lugar no permitido. Su peculiar estilo ya es reconocido entre aquellos espectadores del arte vagabundo que atentos buscan por las calles sus nuevos dibujos, su enigmática figura comienza a causar expectativa y aunque él no está seguro de cual será el futuro de su trabajo, se encuentra abierto ante cualquier posibilidad de evolución.






Las camas deshechas. Alexis Dos Santos
16/10/2009

La han llamado “demasiado indie” para ser tomada en serio según los críticos que dictan qué es una buena película. Por otro lado, el mainstream cinematográfico la considera – hasta ahora – excesivamente outsider para su estreno comercial. Pero así es el cine del argentino residente en Londres Alexis Dos Santos: un manojo de nervios e incertidumbres post adolescentes.
Unmade beds (2008), segundo largometraje del director, sucede en el Londres alternativo, multicultural, escenario de ambigüedad sexual, excesos razonables (o más bien razonados) y rock. El mismo mundo que el cineasta ha venido explorando desde que llegó al viejo continente primero en Barcelona y después mientras estudiaba en la National Film and Television School del Reino Unido.
Axl es un chico español en busca de una identidad que espera encontrar en el padre que lo abandonó. Vera es una francesa que tras una dolorosa decepción amorosa, decide que la siguiente vez no habrá citas, ni números telefónicos, ni siquiera nombres. Ambas historias corren paralelas en ritmos y atmósferas diferentes, aunque comparten espacio y tiempo. Más que narrativa hay personajes, hay humanos actuando, sintiendo.
Apadrinada por la catalana Isabel Coixet, Unmade beds, es una propuesta completa. No sólo sirve de exposición para el trabajo de dirección y de guión de Dos Santos, sino que pone de manifiesto el talento de los jóvenes actores Fernando Tielve y Deborah Franςois. Mención aparte merece el diseño de producción, pero sobretodo la poderosa armonía de la fotografía a cargo de Jakob Ihre. La elección del soundtrack también es resaltable, una mirada a la más nueva escena inglesa: (We Are) Performance, Connan Mockasin, Plaster of Paris, entre otras.
Hay propuestas que tardan en cuajar; que demoran en llegar al reconocimiento global. Tal vez Dos Santos aún tiene que madurar su estilo pero Unmade Beds es definitivamente, un segundo gran paso.

El registro de la passarola en los volúmenes de la literatura histórica equivale a un terrible manotazo en la nuca: el primer vuelo en un artefacto más pesado que el aire no fue el de los hermanos Wright, en 1903, como inapelablemente hemos creído en todo este tiempo…
Blimunda y Baltasar se aman y no lo dicen. Están casados, se aman y no lo dicen. Se buscan cuando se pierden. Se encuentran. Con el padre Bartolomeu construyeron la passarola. Los tres volaron en ella y vieron un Portugal que jamás nadie verá, porque la gente de ahora vuela en aviones o en globos o en imaginaciones. O no vuela.
Ella tiene el poder de mirar en el interior de las personas; su marido es un soldado que ha quedado manco; el cura muere enloquecido por el deseo irrefrenable de volar. Y pese a todo, construyen la passarola con hierro, imanes y ámbar. El combustible utilizado es éter: aquella “cosa“ que mantiene las estrellas colgadas de la noche, aquella “cosa“ que Dios respira. Es tarea de Blimunda y Baltasar atrapar el éter, que es etéreo.
Esto nos cuenta el escritor portugués José Saramago en su novela Memorial del convento (1982), relato histórico que, más allá de retratar, es fotografía del Portugal de principios del siglo XVIII durante la época de la Inquisición, los autos de fe y naturalemente, del olor gallinezco que expele la carne humana quemada. Hay mancos y videntes que se enamoran mientras asisten al suplicio de los infieles. Al amor, lo sabemos, no importan las circunstancias.
Narrada en tercera persona, la novela plantea dos ejes. Es una historia de amor que gira en torno de la construcción de un convento en Mafra a petición del rey Don Juan V, o es el relato de la construcción de un convento en Mafra que gira en torno de una historia de amor.
De construcciones de edificios sabemos lo necesario. Pero de amores que se demuestran sin palabras de amor, ¿qué sabemos?
El montón de letras y comas que estila Saramago se convierten en imágenes móviles gracias a su poderosa capacidad descriptiva y narrativa. Pero el Nobel de Literatura 1998 no puede quedarse quieto, no le bastan las descripciones que sólo sirven para repetir lo evidente. Critica la aristocracia, denuncia la Inquisición, reflexiona sobre la voluntad, la perseverancia, la pobreza del cuerpo y su banalidad, el valor del amor y su eternidad.
Memorial del Convento es la historia de un amor diferente, como no lo conoceríamos jamás. Un libro necesario para quien ya está harto de volar en aviones o en globos o en imaginaciones. O de no volar.
Andy en fotos, Warhol el fotógrafo.
07/10/2009
“Anyone rich, powerful, beautiful, or famous can get into Society.
If you’re a few of those things you can really get to the top”
Hay una cosa cierta, para hablar sobre Andy Warhol harían falta muchos textos y aún así no todo estaría dicho. Pintor, escultor y hasta ¿cineasta? exploró esos terrenos donde todo es interesante si se observa el tiempo necesario. Sin embargo, hay que decir también otra verdad: él era antes que cualquier cosa, fotógrafo.
A los 10 años comenzó a tomar fotos con una Kodak Brownie. Para 1962 ya había pintado, ilustrado, grabado y expuesto su trabajo en algunas galerías y fue entonces cuando una Polaroid SX-70 Big Shot le mostró las bondades de la fotografía al instante.
Warhol solía usar el fotomatón como una de sus principales técnicas para lograr las imágenes que después convertiría en retratos. La repetición y la mecánica que obtenía de una serie resuelta en una sencilla cabina, hizo que se convirtiera en una de sus técnicas predilectas. Gracias a estas instantáneas luego experimentó con la foto-serigrafía, trabajo que le conocemos de sobra.
Cenas, charlas, violencia, productos de consumo masivo, sexo… todo fue captado por la cámara de Andy. Un observador que no tuvo ninguna instrucción fotográfica, parecía tener una especial y original forma de ver el mundo. Las posturas, apariencias y la profundidad que hay tras la superficialidad de un objeto o rostro famoso le dieron todo lo que necesitaba.
Tras la Polaroid o la 35 mm (con la que se aventuró después de conocer a Christopher Makos el fotógrafo “oficial” de sus cotidianidades) había un hombre seducido por el plástico, el comportamiento sintético, la vanguardia y lo inmoral. Delante de la cámara estaban él mismo y algunos artistas, cantantes y escritores: Truman Capote, William Burroughs, Sean Lennon, OJ Simpson, Farrah Fawcett, Jane Fonda, Jean-Michel Basquiat, Grace Jones, Madonna y su incondicional Edie Sedgwick.
Existen miles de imágenes que lo captan a él y su contacto con las celebridades, miles de reproducciones de su trabajo y miles de escritos acerca de su genialidad, pero para conocer al artista visual hay que ver lo que veía él. Y no se mira con justicia si sólo se conoce su Campbell’s o su Marilyn.





















HEALTH, del caos a la melodía.
01/10/2009

Caos. Ruido. Trastorno. Desorden… Melodía.
El viejo discurso que pretende encontrar la línea que divide a la música estridente del ruido producido por instrumentos musicales termina siempre entendiendo que la capacidad apreciativa de cada individuo definirá la misma.
Un cuarteto de jóvenes californianos se juntan para formar una banda. Luego de pensar en varios nombres deciden que deben usar una palabra cotidiana. Después de descartar todas las palabras de la lista, finalmente deciden adoptar un nombre: HEALTH. Tres años y dos discos después (sin contar uno de remixes) son considerados como una de las mejores bandas de noise rock post-moderno.
HEALTH y Get Color son los nombres de sus dos producciones, ambas lanzadas con el sello de New York, Lovepump United. Su sonido es una gran ola de guitarras distorsionadas, baterías potentes, sintetizadores ambiguos y voces andróginas. Su sonido ha sido comparado con el de bandas contemporáneas como Liars y No Age. El dueto Crystal Castels re-trabajó su canción Crimewave, volviendo su versión más famosa que la de los establecidos en Los Angeles, muchos aún desconocen que a este cuarteto pertenece la versión original. Participaron con Nine Inch Nails en una importante gira, presentándose en escenarios ante miles de personas, muchas más de las que suelen atender a sus shows. Datos inútiles si su música no es escuchada.
Su música ha sido catalogada por muchos como ruido, para otros, su capacidad musical es innegable. Lo cierto es que con el paso del tiempo su sonido ha ido madurando y se convierten en una banda que genera grandes expectativas y aunque lo complejo de su trabajo les complica acumular una gran cantidad de presentaciones en todo el mundo, lo importante es que mantengan la fuerza de su propuesta.
Cut n’ Paste. Exo
24/09/2009

¿Qué se valora en “el mundo actual”: la experiencia o juventud? ¿Las propuestas mejor definidas vienen de quienes llevan largo tiempo en su quehacer artístico o de aquellos que inician en él? Un largo debate nos ocuparía en estas cuestiones. Lo más correcto sería aseverar que las ofertas más innovadoras, vienen de los que conociendo de principio a fin las reglas y las técnicas, están dispuestos a romperlas; tengan la edad que tengan.
“Exo” como se hace llamar, es un joven latinoamericano que alcanza los 23 años. Estudia diseño en Buenos Aires y se dedica a hacer trabajos cuya narrativa visual gira primordialmente en torno al collage. Postales e ilustraciones, todos han sido creados con el extracto de otras imágenes: construcción a partir del recorte es la propuesta principal del argentino.
Sin limitarse al papel, los materiales sobre los que trabaja representan la variedad de la visión que consigue y su creatividad le ha permitido colaborar con la netlabel “808”, argentina también. El cartel para las fiestas o conciertos, videos y el contenido web se han beneficiado por igual de la mano de este universitario que, aún sin haberse graduado, ocupa las líneas en los artículos de algunas revistas y blogs de diseño por los que es altamente estimado.
El diseño de Exo no es estridente y aunque el golpe de color sugiere el dinamismo inherente que hay en la policromía, existe cierta amabilidad en las líneas y figuras. En cuanto al collage se refiere, la carga de materiales y contenidos todos acomodados (o no) en un mismo espacio, devuelven a las imágenes otro sentido. Cortar y pegar también es un arte… sus resultados constituyen posibilidades infinitas.












Kauffman, Director
18/09/2009
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Sinécdoque: designación de un objeto por el nombre de otro objeto con el cual forma un conjunto, un todo físico o metafísico, hallándose la existencia o la idea del uno comprendida en la existencia o la idea del otro.
Synecdoche, New York (2008) es el quinto trabajo de Charlie Kauffman como guionista; sin embargo lo más importante, es que se trata su de su primer largometraje como director. Por poner algunos ejemplos, Spike Jonze le imprimió cierto aire glamuroso a la inquietante Being Jonhn Malkovich (1999) y Michel Gondry el encanto naïve a la inolvidable Eternal sunshine of the spotless mind(2004). Como director Kauffman es sólo Kauffman, la esencia de sus guiones anteriores se refleja ahora también en el recurso técnico celuloidal.
A partir de la trillada metáfora del hombre como actor en el escenario de la existencia, Kauffman da un vuelco a esta premisa para llevarla a niveles insospechados por el espectador promedio, pero que encantan a los seguidores de este neoyorquino: el cine como arte no en un nivel de elitismo, sino como una expresión personalísima del autor.
El argumento –y ni falta haría reparar en él- gira en torno al dramaturgo Caden Cotard (interpretado por Philip Seymour Hoffman) y su proceso creativo para realizar la obra que lo sacará de la mediocridad. A la par, esta tarea se convierte también en el proceso de Caden para explorar su propia naturaleza y la de sus relaciones fallidas con una serie de figuras femeninas desde sus esposas y amantes, hasta la más dolorosa con su propia hija.
Todos esos elementos se hallan envueltos en el universo kauffmaniano: el inoportuno paso del tiempo, el psicoanálisis, los libros de autoayuda, la pintura en miniatura, Berlín, una casa en llamas, los dobles, materia fecal verde, Nueva York dentro de Nueva York y globos zeppelines cruzando su cielo…
¿Dónde está Caden Cotard, en el hombre o en el dramaturgo?, ¿qué papel interpretan las vidas que suceden a su alrededor y se cruzan en la suya? La indiferencia del ser por sus semejantes radica en ser protagonista de la propia vida y que todos los demás sean extras en ella.
Con este filme, Kauffman no nos presenta su obra maestra, sino la congruencia y continuidad en la producción de un artista en plenitud.