Svankmajer, el verdugo de los adultos… y de tus emociones

08/03/2011

 

Jan Svankmajer es uno de esos genios cuyo poder de creación es fascinantemente aterrador. Sus obras son inexplicables, un acertijo que la razón difícilmente puede responder, sin embargo, siempre logran su cometido: conmover. Sean animaciones, esculturas, marionetas o cualquier otro experimento plástico y/o visual que el artista checo se proponga, consiguen en el espectador un sentimiento que entremezcla sonrisas con dolores de estómago, esos que casi siempre anteceden al acto de vomitar, más un dejo de temor que puede agudizarse con la oscuridad misma de la sala donde se vea su cine.

Svankmajer, de 70 años,  es un niño en potencia, que aborrece los premios y las congratulaciones (fiel a la ideología del surrealista), que prefiere alojarse en la soledad de su viudez y su castillo para seguir creando marionetas y seguir licuando las dimensiones de la ficción y la realidad en sus obras fílmicas.

Aunque no lo acepte, él representa un parteaguas en la dinámica cinematográfica y de la animación (más allá de su maestría para usar el stop motion). Howard Phillips Lovecraft, Edgar Allan Poe y hasta Samuel Beckett no dudarían en condecorarlo como su mejor intérprete y, a su vez, Tim Burton y todo ese lado “alternativo” que pudieran representar las animaciones de Pixar, se deben por completo al septuagenario artista, o si no, remitámonos a Fausto y Conspiradores del placer, sus cartas más laureadas, indiscutibles obras maestras que definen la lógica del discurso de la animación y del cine surrealista.

La obra de Svankmajer se puede explicar como un amasijo entre placer, humor y libertad: “de niño fui muy introvertido y me refugié en el teatro de marionetas que mis padres me regalaron… los niños son seres que viven en absoluta libertad, capaces de crear obras sinceras y de verdad artísticas”… de ahí que Svankmajer nunca haya dejado de ser niño.

Ahora puede entenderse que, en sus historias, los cajones hablen, los botes de basura pueda asfixiarse y luego pasearse tranquilamente por las calles, o que las frituras que servirían como botana pudieran dotar de extremo placer nasal a una fémina; el niño que Svankmajer lleva dentro le permite crear una dimensión que no es ni realidad ni ficción, es un desahogo a toda la represión que puede imponer la familia, la sociedad y hasta el régimen de un estado: no olvidar que buena parte de sus guiones para cine siguen enclaustrados, debido a la censura del comunismo que imperó varias décadas en su país natal; apenas unos cuantos han visto la luz, lo que deja de manifiesto que la cosmogonía de Svankmajer apenas está cimentándose…

Conspiradores del placer (Spiklenci slasti):

Meat Love:

Fausto (Faust):

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