Dos

04/02/2011

Una acción solamente puede ser trascendente cuando afecta todos los tiempos en los que interviene su existencia. Cuando deja una huella imborrable en el pasado, cuando se vuelve una parte entrañable de lo que se vive en el presente y cuando permite vislumbrar un halo de lo que se aproxima.

Las palabras aquí escritas buscan permanecer y mostrar aquello que fue, es y será. Aquello que en la búsqueda de expresión ha sido depositado por sus creadores y expuesto al mundo, y que debe ser señalado para que su destino no sea el abandono.

Dos años y contando.

 

Marginal.

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Los días en los que el quehacer artístico era juzgado bajo estrictos parámetros de belleza, complejidad y el virtuosismo plasmado en la obra por su creador han quedado atrás. Hoy, una pieza transgresora con un bajo carácter estético, puede ser considerada arte. Hoy, un objeto per se, puede ser considerado arte. Hoy, un trabajo realizado por máquinas bajo procesos puramente científicos, puede ser considerado arte.

Aaron Koblin es un artista digital especialista en la visualización de datos e interesado en la creación de obras a partir de la colaboración de la gente. La idea de Koblin es simple, crear proyectos utilizando herramientas científicas que reflejen su inquietud creativa o bien, recurrir a la ayuda de múltiples colaboradores desconocidos para el logro de su trabajo.

Este norteamericano ha participado en lo últimos años en la industria musical. Fue gran responsable del video House of Cards de Radiohead, en donde no se utilizó ni una sola cámara, sino el uso de lasers y sensores para el scaneo del movimiento. También se encargó del video de Rest My Chemistry de Interpol, basado en una serie códigos dinámicos. Ahora colabora en un proyecto digital para el video de Ain´t No Grave de Johnny Cash, en donde las personas pueden colaborar creando un cuadro del video, después un ordenador une cuadros al azar para generar la visualización del video, que podría nunca ser la misma.

En otros proyectos, como Ten Thousand Cents o Sheep Market, Koblin se valió de la ayuda de miles de personas para que dibujaran lo que se les pedía, un fragmento de un billete de cien dólares o un borrego. Estos experimentos buscaban  ser un catalizador del pensamiento social mostrado en un gran trabajo colectivo.

No es una casualidad que su trabajo se muestre en ferias tecnológicas y no en galerías, ni que colabore en empresas como Google o Yahoo para el desarrollo de sistemas orientados a la creatividad. Aaron Koblin forma parte de un revolucionario momento artístico, en donde el conocimiento científico puede suplir las habilidades capaces de producir arte, y donde las posibilidades de expresión se diversifican a un paso acelerado y nos permiten apreciar el arte en cualquier espacio y proveido por disciplinas distantes.

aaronkoblin.com