Fenómeno Houellebecq

05/12/2010

 

“Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus llagas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte.”

 

Michel Houellebecq es un francés experto en la descripción de la miseria afectiva. Decir que el fatídico hecho que le inspiró fue el de quedarse solo con su abuela a causa del abandono de su madre, sería despreciar su herencia literaria. Ha ganado los premios de los autores menos dulces: Schopenhauer y Tzará y tiene un ensayo sobre Lovecraft.

Su fama viene del rumor, del boca en boca pero, mucho más de los ataques de la prensa. Fue al principio un tipo de bajo perfil, que desenmarañó la decadencia humana en una obra mediana: Ampliación del campo de batalla, hasta que sus incisivas incorrecciones políticas le llevaron a ser el aclamado de los insurrectos.

En Houellebecq hay un estilo seco e incorrecto. Ha sido el cruel y cínico retrato de las circunstancias y seres contemporáneos. Eso, su “narrativa”, le mereció el reconocimiento (¿respeto?) entre los condenados. La prensa lo acusó y juzgó en el banquillo de la opinión pública:  misógino, islamofóbico, decadente y reaccionario fue el veredicto.

Plateforme, le convirtió definitivamente en estrella (de esos famosos que le encantan a la tele: los miserables). Sus personajes y narradores son seres sumidos en una existencia infeliz, pero que (sobre)viven en ella. De este francés se ha dicho “no sólo es un escritor que dice cosas asquerosas sino que además las dice asquerosamente”. Houellebecq lo sabe: el hastío sobrepasa la necesidad de amar, que resulta una complicación. ¿Cómo pedirle a un hombre que ame en una sociedad impura?

“La tradicional lucidez de los depresivos, descrita a menudo como un desinterés radical por las preocupaciones, se manifiesta ante todo como una falta de implicación en los asuntos que realmente son poco interesantes. De hecho, es posible imaginar a un depresivo enamorado, pero un depresivo patriota resulta inconcebible.”

El sarcasmo, caracterizado por su concepción descarnada de la humanidad, es su mejor amigo (ese que se vuelve imprescindible cuando se sabe que no hay remedio). Su descripción de la sociedad contemporánea es lo más fiel: hemos sido condenados a un mundo podrido, perdido para siempre.

“La alegría es una emoción intensa y profunda, un sentimiento exaltante de plenitud experimentado por toda la conciencia; se puede comparar con la embriaguez, con el arrebato, con el éxtasis.”

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